«La historia de la Suavina, una pomada de 1880 ‘made in Castellón'» – Noviembre 2018

«La historia de la Suavina, una pomada de 1880 ‘made in Castellón'» – Noviembre 2018″

El bálsamo labial comenzó a fabricarse con el nombre ‘Ungüent de Vila-real’ y hoy produce 400.000 unidades al año que se venden por todo el mundo

Cuenta Vicente Calduch que muchos turistas pasan hoy por su farmacia con una curiosa lista de cosas que hacer en Castellón: “Nos dicen que aquí tienen que comerse una paella, probar el cremaet y comprar un bote de Suavina”. Lo cierto es que la vinculación de este popular bálsamo labial con la provincia viene de muy lejos. Concretamente, de 1880, cuando el tatarabuelo del citado farmacéutico, llamado Vicente Calduch Solsona, inventó el Ungüent de Vila-real, que era como se conocía en sus inicios al mediático producto.

Al igual que los Borbones están asociados a la corona, los Addams al terror y los Kardashian a la farándula, la familia Calduch y la farmacia van de la mano desde tiempos inmemoriales. Antes incluso que Calduch Solsona fundara su botica en el centro de Vila-real a finales del siglo XIX, ya poseía una en Les Useres, de donde procedían tanto él como su esposa. “Como en todas las farmacias de la época por aquel entonces elaboraba productos propios y entre ellos destacaba un bálsamo labial creado expresamente para los recolectores de naranjas con el fin de reparar sus labios, caras o manos, dañadas a causa del frío, viento. Se llamaba Ungüent de Vila-real y la fórmula era exactamente la misma que se usa hoy en día para la Suavina”, relata el último Calduch de la saga desde la apoteca ubicada en el centro neurálgico de Castellón.

El fundador del Villarreal CF

El patriarca Calduch Solsona tuvo cuatro hijos, que fueron quienes difundieron las bondades de la pomada más allá de las fronteras de Vila-real. “El mayor se vino a Castellón, a la farmacia que aún conservamos hoy. Otro era el tío Pepe, que fue quien fundó el Villarreal CF. Después, Manuel, que era botánico, se fue a Barcelona, mientras que Álvaro se instaló en Almassora”. Todos, con su correspondiente establecimiento en el que no faltaba la Suavina, que adoptó ese nombre cuando toda la producción se unificó en Castellón, ya en la década de los felices años 20.

Lo cierto es que por aquel entonces también eran muy conocidas para curar el dolor de garganta las Pastillas del Doctor Calduch, que pasaron a un segundo plano ante el auge de la Suavina. “El laboratorio lo teníamos en el mismo sitio que ahora, en la farmacia, pero mi bisabuela era la que se encargaba de llenar los tarros de madera y estaño en su vivienda de la calle Alloza, donde ahora está instalada la tienda de Higinio Mateu”, rememora Vicente.

'Competencia' para el bote tradicional

Una de las características de este producto castellonense al 100% es el de su frasco, rediseñado hace un par de años manteniendo la esencia original. El próximo gran cambio que les espera a los muchos fieles de la Suavina es el de la salida al mercado de la pomada en tubo: “Ya lo teníamos antiguamente, pero el proceso era muy tedioso porque se tenía que hacer a mano. Ahora, aunque el producto es la mismo, hemos industrializado el proceso. Ya no se tienen que fabricar una a una, lo que nos ha permitido triplicar las unidades de 140.000 a 400.000 al año, y con la salida del tubo en enero ayudaremos a la gente que no le gusta meter el dedo en el bote”, adelanta Vicente Calduch sobre una marca que ya produce crema de manos y jabón.

El impacto que Suavina tiene en el mercado local y nacional no ha pasado desapercibido para los inversores, que “han intentado comprar la marca en alguna ocasión”, pero los lectores/consumidores pueden estar tranquilos. La Suavina, como el Fadrí o las rosquilletas, seguirán en Castellón: “Nunca vamos a desligarnos de este producto. Es curioso que donde más lo vendamos sea aquí, que no es precisamente una zona muy fría, pero cada vez estamos vendiendo más en España y ya llegamos a países como Inglaterra, Alemania, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Canadá o Australia”. En estos países, curiosamente la pomada no se vende en farmacias y parafarmacias, como en el territorio nacional, sino en tiendas de productos ‘vintage’ y artesanos. “Hay un ‘boom’ en el extranjero de los productos españoles, sea por su calidad o por su imagen, y nos estamos beneficiando”, apostilla Vicente.

Más misterio que con la Coca-Cola

Sobre el famoso secreto de la composición de la Suavina, y sin querer entrar como es lógico en detalles, el farmacéutico de la ilustre familia Calduch confiesa lo siguiente: “La clave está en la mezcla de aceites que produce ese perfume tan característico. El ingrediente principal es la vaselina y después combinamos con aceites esenciales de mentas, cítricos… que son los que confieren estas cualidades al producto”.

Para concluir con este bálsamo ‘made in Castellón’, reconocer la labor social de una marca que al margen de los cuatro empleados habituales emplea a un trabajador que procede de la Asociación Síndrome de Down de Castellón: “A Javi le tendríamos que hacer empleado del mes todos los meses. Siempre viene contento y con ganas de trabajar. Por mediación de mi madre –Pituca Bellés-, que siempre ha estado muy vinculada a asociaciones benéficas de Castellón, conocí esta fundación y al margen de dar trabajo a Javi, cuando nos vemos desbordados les llevamos palets con cartones para que nos monten las cajas y después cobran a tanto por unidad”.

Esta es la historia desde dentro de la Suavina, un ungüento graso con aroma a mentol que a buen seguro habrán utilizado buena parte de los lectores de este artículo.

Fabián, Rafael. (27 de Noviembre de 2018). «La historia de la Suavina, una pomada de 1880 ‘made in Castellón'», El Periódico Mediterráneo, Edición Online. Recuperado desde: https://www.elperiodicomediterraneo.com/noticias/castellon/historia-suavina-pomada-1880-made-in-castellon_1187182.html

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